Qué muestra realmente el mapa de al-Idrisi de 1154

Qué muestra realmente el mapa de al-Idrisi de 1154

Muslim Post Editorial Desk@muslimpost

La geografía de al-Idrisi combinaba un texto árabe y 70 mapas. Explicamos el sur arriba, el disco perdido y las fechas de manuscritos y reconstrucciones.

La geografía que al-Idrisi preparó para Roger II de Sicilia combinaba una descripción árabe del mundo con setenta mapas regionales. El año 1154 corresponde al proyecto medieval; muchas imágenes rectangulares difundidas hoy proceden de copias posteriores o de reconstrucciones modernas. La orientación con el sur arriba es deliberada, y el disco de plata descrito en los relatos del encargo no se conserva.

La diferencia entre la obra y un ejemplar concreto explica buena parte de la confusión. Un manuscrito del siglo XIII, un facsímil del XIX y una composición de Konrad Miller del XX pueden transmitir la geografía de al-Idrisi sin ser el mismo objeto. Sus fechas, rótulos, lagunas y decisiones editoriales cambian lo que permite observar cada imagen. Identificar manuscritos, facsímiles y reconstrucciones es el primer paso para saber qué mapa tenemos delante.

Qué piezas formaban el proyecto

Parte de la obra o de su transmisión Qué aporta Qué no demuestra
Texto geográfico árabe, conocido como Nuzhat al-mushtaq o Libro de Roger Descripciones de lugares, rutas, distancias, productos y sociedades Que el autor visitara personalmente cada lugar descrito
Setenta mapas regionales organizados en siete bandas y diez secciones por banda Una estructura para relacionar imágenes regionales y descripciones Que cada ejemplar conservado contenga los setenta mapas
Pequeños mapas circulares del mundo presentes en algunos manuscritos Una visión de conjunto dentro de un testimonio concreto Que sean una fotografía o una réplica exacta del disco de plata
Disco cartográfico de plata descrito en los relatos del encargo Información sobre el contexto material atribuido al proyecto La existencia de un objeto conservado cuya forma y medidas podamos examinar
Copias manuscritas y facsímiles posteriores Los testimonios que transmiten la obra medieval Una observación directa del proceso de dibujo de al-Idrisi
Composiciones modernas del mapamundi Una vista conjunta construida a partir de las secciones regionales Una lámina rectangular intacta realizada en 1154

Texto y mapas se complementan, pero contienen información diferente. Un dibujo puede mostrar relaciones entre ríos, islas y ciudades. Un pasaje puede explicar un viaje, un cultivo o un asentamiento con detalles que no aparecen en la imagen. Separar el mapa de su descripción puede ocultar precisamente esas relaciones.

Una composición moderna facilita la visión del conjunto y puede servir para enseñar la organización de la obra. Su utilidad no convierte el montaje en una pieza medieval conservada. El formato rectangular que vemos en una pantalla pertenece también a la historia de las ediciones y las reproducciones, no solo a la historia del conocimiento del siglo XII.

Al-Idrisi en la corte de Roger II

Muhammad al-Idrisi fue un geógrafo musulmán del siglo XII vinculado con Ceuta, la tradición geográfica árabe y la corte de Roger II en Palermo. Su nacimiento suele situarse aproximadamente hacia 1100. Su procedencia y sus viajes conocidos o atribuidos ayudan a explicar las conexiones mediterráneas de la obra, pero no hacen que cada desplazamiento mencionado en una biografía sea un recorrido presencial igualmente documentado.

La Sicilia de Roger vinculaba tradiciones latinas, griegas y árabes y se encontraba entre el sur de Europa y el norte de África. El gobierno tenía motivos para interesarse por puertos, caminos, asentamientos, agricultura y territorios vecinos. Katherine Jacka interpreta el encargo del Libro de Roger dentro del programa de autoridad y expansión del rey después de 1139. Es una explicación histórica del contexto, no una orden conservada que establezca el día exacto del encargo.

Por eso, las fechas habituales de comienzo, hacia 1138 o 1139, necesitan mantener su carácter aproximado. S. Maqbul Ahmad señala que ninguna fuente primaria precisa el año de llegada de al-Idrisi a Sicilia. La combinación de patrocinio cortesano y conocimientos geográficos permite entender el proyecto sin atribuir todas sus noticias a un explorador solitario.

La corte tampoco debe idealizarse como un espacio ajeno a la conquista y a las desigualdades de poder. El patrocinio y el programa político formaban parte de las condiciones de producción de la obra. Roger II murió en 1154 y le sucedió Guillermo I; esa sucesión es distinta de las fechas atribuidas a la compilación o a una copia del mapa.

Por qué el texto árabe importa tanto como la imagen

El título suele abreviarse como Nuzhat al-mushtaq. Libro de Roger identifica la obra mediante su patrocinador, mientras Tabula Rogeriana es una denominación latinizada que suele asociarse con su representación cartográfica. Los nombres ayudan a localizar catálogos y ediciones. No convierten, sin embargo, el texto extenso, los mapas regionales, una vista circular y una composición moderna en objetos equivalentes.

La geografía describe ciudades, cursos de agua, montañas, trayectos, productos, agricultura y territorios políticos. Ese contenido permite estudiar cómo se desplazaban y vivían las personas. La posición de un puerto dentro de una secuencia de navegación puede aportar más que la semejanza de su costa con un mapa actual. Un pasaje sobre cultivos o mercancías puede explicar una conexión que una superficie coloreada deja sin aclarar.

La traducción inglesa publicada por Arc Humanities Press en 2024 muestra parte de esa amplitud. Incluye el prefacio y descripciones seleccionadas de Sicilia, el sur de Italia, el Adriático e Ifriqiya. No traduce todas las regiones de la obra completa. Sus mapas acompañan una selección sustancial del texto y ayudan a seguirla, sin sustituir la información escrita.

Para investigar un lugar concreto, la unidad más útil es el pasaje correspondiente junto con su sección cartográfica. No hay que suponer que sus detalles coincidan siempre de forma perfecta. La obra organiza conocimientos geográficos mediante un sistema manuscrito; describir esa organización no significa atribuirle las capas de coordenadas o las consultas de un sistema digital moderno de información geográfica.

Cómo siete climas dieron lugar a setenta secciones

El mundo habitado se dividía en siete grandes bandas climáticas, cada una subdividida en diez secciones de oeste a este. El resultado era una estructura de setenta unidades regionales. Aquí, clima pertenece a una tradición geográfica heredada: no designa una clasificación actual de precipitaciones, temperaturas o fronteras nacionales.

La estructura también respondía al formato del libro. Un lector podía recorrer imágenes regionales y descripciones sin manejar una sola lámina enorme. Una composición de siete por diez reúne las secciones para mostrar el conjunto en una pared, una doble página o una pantalla. Unirlas requiere decisiones sobre las junturas, los detalles dañados, las grafías y las diferencias entre testimonios manuscritos.

Setenta es el número previsto por el diseño, no una garantía sobre cada ejemplar conservado. La descripción de la Bibliothèque nationale de France del manuscrito Arabe 2221 lo identifica como una copia magrebí del siglo XIII y enumera sesenta y ocho mapas. Ese recuento corresponde a un testimonio concreto. Una parte ausente o incompleta no establece que el proyecto original se diseñara con solo sesenta y ocho secciones.

En sentido inverso, una imagen moderna con la cuadrícula completa no prueba que un único manuscrito medieval haya conservado intactas todas las secciones. Las pequeñas vistas circulares plantean una distinción adicional: aparecen en algunos ejemplares y organizan el mundo de otro modo. No deben contarse como otra sección rectangular ni presentarse como el disco de plata conservado.

Cómo leer un mapa con el sur arriba

En la tradición cartográfica más conocida de al-Idrisi, el sur ocupa la parte superior y el norte la inferior. Este y oeste aparecen, en consecuencia, en posiciones diferentes de las esperadas por quien está acostumbrado a un mapamundi moderno con el norte arriba. La orientación cambia la manera de reconocer el dibujo; no indica que el autor colocara los continentes al revés por accidente.

La explicación de Yale sobre la reconstrucción de Miller relaciona esa disposición con el sentido de lectura de los rótulos árabes. Mapa y escritura forman parte de una página diseñada. Girar la imagen puede facilitar que un lector actual identifique el Mediterráneo y, al mismo tiempo, colocar la escritura en una posición distinta de la prevista para leerla.

Una reproducción puede tener tres orientaciones en su historia: la del manuscrito, la elegida por el editor moderno y la aplicada por el sitio o la publicación que la muestra ahora. El registro de Cabinet de la Universidad de Oxford describe una reproducción de 1929 con nombres transcritos en caracteres latinos y una presentación con el norte arriba. Ese objeto no demuestra que todos los testimonios medievales tuvieran esa orientación.

Un pie de imagen claro indica la dirección mostrada y cualquier giro. En una clase pueden compararse ambas orientaciones para explicar cómo una convención afecta al reconocimiento de regiones. La versión girada debe seguir identificándose como una presentación editada. La costumbre moderna de situar el norte arriba proporciona una comparación familiar, no una regla universal para juzgar toda cartografía anterior.

Qué objeto conservado estamos viendo

Un pie de imagen suele ofrecer una sola fecha donde hacen falta varias. Compilar la obra, copiar un manuscrito, producir un facsímil, adquirir una pieza y publicar una reconstrucción son acontecimientos distintos. Los siguientes registros muestran por qué no deben fundirse en un único «mapa de 1154».

Objeto identificado por el registro Fecha o periodo indicado Cómo interpretar esa fecha
Manuscrito BnF Arabe 2221, descrito en el recurso didáctico sobre el Mediterráneo Copia magrebí del siglo XIII Testimonio manuscrito posterior; el registro enumera sesenta y ocho mapas para este ejemplar
Carte générale du globe tirée d’El-Edrisi, BnF GE AA-2004 Facsímil manuscrito del siglo XIX, adquirido en 1844 Reproducción derivada de Arabe 2221; la adquisición no fecha la composición medieval
Charta Rogeriana, Library of Congress, pieza 2007626789 Publicación en Stuttgart en 1928 Reconstrucción de Konrad Miller en seis hojas, catalogada con el norte en la parte inferior
Título acompañante registrado para la reconstrucción de Miller Menciona una restauración de 1927 Fecha de restauración consignada en el título acompañante de la publicación
Reproducción de Cabinet, Universidad de Oxford 1929 Reproducción relacionada con nombres en caracteres latinos y presentación con el norte arriba

Un facsímil de la BnF puede transmitir fielmente información de un manuscrito antiguo sin convertirse por ello en un objeto medieval. Del mismo modo, digitalizar la publicación conservada en la Library of Congress facilita el acceso a la geografía, pero no produce un autógrafo de al-Idrisi. El título de catálogo y el identificador permiten precisar qué pieza se reproduce.

Las fechas de 1927, 1928 y 1929 deben permanecer asociadas a sus respectivos registros. No hace falta imponer una sola fecha a todas las imágenes relacionadas con Miller. Una imagen recortada puede perder el título y la información marginal que permitían identificar la edición; en ese caso, el registro institucional ofrece una base más firme para redactar el pie.

Qué sabemos del disco de plata perdido

Los relatos del encargo describen un gran disco cartográfico de plata y un tablero de dibujo. Ninguno se conserva. Ahmad distingue esos objetos de los mapas regionales del libro y advierte que no hay pruebas definitivas del relato que sitúa la pérdida del disco en un golpe de Estado de 1160 o 1161. La fecha de esa historia no debe presentarse como una destrucción demostrada.

Una descripción transmitida del peso, una conversión moderna de unidades y una medición material segura son afirmaciones diferentes. Las dimensiones llamativas y las historias de destrucción deben conservar su atribución y sus incertidumbres. No sustituyen el examen de una pieza que ya no está disponible.

Un dibujo nuevo de una placa de plata puede ilustrar el objeto descrito, siempre que se identifique como una reconstrucción. Un mapa circular sobre papel o una composición rectangular moderna no es una fotografía del disco desaparecido. Para estudiar en detalle la geografía siguen disponibles el texto y los testimonios manuscritos posteriores, con sus propias características y límites.

Una compilación geográfica no es el recorrido de un solo viajero

Al-Idrisi trabajó a una escala geográfica mucho mayor que el itinerario de una persona. La obra combinaba conocimientos anteriores, noticias sobre lugares y rutas, información disponible en la corte y decisiones del compilador acerca de cómo relacionar esos materiales. La experiencia personal puede formar parte de esa red sin convertir cada descripción en un relato de lo que el autor vio.

Un nombre podía llegar con varias formas orales y escritas. Una ruta podía recordarse como una secuencia de paradas, un número de días de navegación o una distancia expresada en una unidad determinada. Una descripción de una isla podía destacar su puerto y otra, sus productos agrícolas. Reunir esas noticias exigía comparar y decidir, y podía conservar desacuerdos además de resolverlos.

La diferencia se aprecia al comparar la obra con un itinerario posterior. Nuestro estudio de cómo los viajes de Ibn Battuta se convirtieron en la Rihla distingue los desplazamientos del siglo XIV, los recuerdos, la composición patrocinada por la corte y los manuscritos. La comparación aclara tipos de evidencia. No significa que Ibn Battuta aportara información al libro de al-Idrisi, del siglo XII.

También necesitan atribución las historias sobre agentes enviados a comprobar noticias geográficas. Expresan una intención de contrastar información, pero no documentan por sí solas el tamaño o la cobertura de una operación de reconocimiento. La compilación puede estudiarse críticamente sin transformarla en un servicio moderno de levantamiento de campo ni reducirla a una copia irreflexiva de textos anteriores.

La exactitud depende de qué se esté comprobando

No hay un porcentaje único que describa de manera útil la exactitud de todo el proyecto. La posición de una isla, el orden de los puertos, una distancia terrestre, un nombre de ciudad y un dato sobre productos locales son afirmaciones distintas. Cada una necesita pruebas adecuadas. Una forma extraña para un lector actual puede conservar una secuencia de navegación significativa; una costa reconocible puede contener una identificación discutida.

El estudio de Beeston sobre las islas británicas ofrece un ejemplo regional. Su extracto público describe la estructura de siete climas y examina revisiones de antiguas identificaciones de topónimos árabes, algunas todavía debatidas. Comparar testimonios manuscritos importa porque una grafía en una copia puede conducir a una identificación diferente de la propuesta para otra.

El Mediterráneo y las regiones próximas suelen ofrecer conjuntos relativamente densos de nombres y descripciones. Esa densidad no equivale a precisión universal. Una distancia escrita y la posición dibujada pueden necesitar explicaciones diferentes. Un nombre histórico puede designar una localidad, una región o una ruta que no coincide limpiamente con una categoría administrativa actual.

El logro de al-Idrisi está en la escala y la organización de una gran compilación geográfica medieval. Puede contener observaciones detalladas, descripciones heredadas y errores a la vez. La afirmación de que era el mapa más exacto de su época solo adquiere un sentido comprobable si se precisan la región, los testimonios comparados y la característica que se mide.

Las etiquetas políticas necesitan una fecha histórica

Una imagen de geografía medieval no debe adquirir silenciosamente las fronteras de los Estados actuales. Superponerlas puede ayudar a localizar una región, pero esas líneas y su fecha deben identificarse como añadidos. Un topónimo o una descripción geográfica no establecen automáticamente hasta dónde llegaba la soberanía de un gobernante.

La historia del califato de Córdoba entre 929 y 1031 ofrece una comparación concreta del Mediterráneo occidental. La disolución institucional de 1031 fue anterior al proyecto de 1154; no puso fin a todas las sociedades, los edificios o los saberes de al-Ándalus. El artículo distingue esa fecha de la guerra civil iniciada en 1009 y de la conquista de Córdoba en 1236. Su cronología no es un mapa de fronteras del siglo XII ni una historia completa de todos los gobiernos andalusíes.

África occidental permite otra comprobación temporal. La historia del Imperio de Malí sitúa su formación imperial en el siglo XIII y explica las incertidumbres sobre sus centros regios. Proyectar la máxima extensión de ese imperio posterior sobre la geografía de 1154 sería anacrónico. Una capital cuya identificación sigue discutida tampoco debe convertirse en un punto cartográfico seguro del siglo XII.

Los mapas temáticos modernos añaden otras categorías. Nuestro recurso sobre el mapa del mundo islámico separa cantidades de población, porcentajes, mayorías y pertenencia a la Organización de Cooperación Islámica, e indica el año demográfico de referencia. Son medidas modernas. Ninguna constituye una capa preparada de antemano para mostrar autoridad política medieval ni revela por sí sola la composición religiosa de una población del siglo XII.

Qué cambian las diferencias entre manuscritos

Los testimonios conservados incluyen copias posteriores a la vida de al-Idrisi. Pueden variar su integridad, grafías, colores, dibujos y disposición. La pérdida de hojas, el deterioro, la reencuadernación y las decisiones de copia afectan a lo que ve un lector. Antes de utilizar un detalle como prueba, la imagen necesita asociarse a un manuscrito o una edición identificable.

La precaución es especialmente relevante para un mapamundi ensamblado. Un editor puede recurrir a más de un testimonio o escoger una lectura cuando las copias difieren. El resultado puede parecer más uniforme que los materiales utilizados para construirlo. La limpieza visual pertenece a la presentación; no prueba que las evidencias estuvieran completas en todas las regiones.

Un catálogo bibliotecario ofrece un punto de partida para la signatura, la descripción material, la adquisición y la fecha atribuida al objeto. No resuelve por sí solo cada identificación de topónimo. Un estudio regional puede examinar un argumento geográfico sin establecer la situación actual de todas las hojas en los catálogos. Los registros de piezas y la interpretación académica responden a preguntas distintas y se complementan.

Tampoco existe una equivalencia sencilla entre la imagen que parece más antigua y la lectura más fiable. Una copia posterior puede conservar un detalle perdido en un testimonio anterior dañado. Comparar permite preguntar qué elemento aparece, en cuáles ejemplares y con qué correspondencia respecto de la descripción escrita.

Por qué hay que atribuir las fechas de finalización

1154 sigue siendo la fecha habitual para situar el proyecto rogeriano. Ahmad da enero de 1154, correspondiente a shawwal de 548, para la finalización descrita en el prefacio. La explicación pública de la Library of Congress también presenta la obra como la geografía de 1154. Ambas referencias se refieren a la compilación medieval, no a la fecha de un facsímil conservado o de un montaje moderno.

Las descripciones modernas accesibles no son completamente uniformes. El extracto público de Beeston emplea 1153, mientras la presentación de Arc Humanities Press de la traducción de 2024 sitúa la finalización hacia 1157. Son afirmaciones publicadas identificables. Sus diferencias deben conservar la atribución correspondiente, en lugar de resolverse mediante una supuesta secuencia de revisiones que esos materiales no establecen.

Una cronología breve puede mantener las distinciones: nacimiento aproximadamente hacia 1100; encargo fechado convencionalmente hacia 1138 o 1139; finalización principal asociada con 1154; testimonios manuscritos posteriores; facsímil de la BnF del siglo XIX y adquisición de 1844; reproducciones del siglo XX con sus fechas específicas. Las entradas aproximadas o discutidas no tienen la misma precisión que una adquisición o una publicación consignada por una institución.

Cómo comprobar una identificación llamativa o un pie de imagen

Las afirmaciones de que un contorno girado representa América, Australia o la Antártida necesitan más que una semejanza con una costa moderna. Una identificación convincente requiere nombres compatibles, texto explicativo, una historia manuscrita rastreable y pruebas de cómo la información habría llegado al compilador. Las fuentes examinadas aquí no establecen esas identificaciones. Estirar un dibujo hasta reconocer una forma no aporta la evidencia que falta.

El mismo criterio sirve para un pie de imagen corriente. «Mapamundi, 1154» nombra el proyecto histórico, pero puede ocultar que el objeto mostrado es la publicación de Miller de 1928. Un pie más útil identifica la institución y la pieza, la fecha del ejemplar o la edición, su relación con la obra medieval, la dirección mostrada y cualquier giro o rótulo añadido.

Para una imagen regional manuscrita, la signatura y el folio, o el clima y la sección, permiten localizar el testimonio. Para una composición, conviene identificar al reconstructor y la edición. Los cambios de color, las uniones o las fronteras superpuestas forman parte de la historia de esa imagen y deben quedar claros. Así, una reproducción puede conducir a un objeto verificable en vez de convertirse en su propia prueba.

La conexión entre el texto, las regiones cartografiadas y la historia de las copias permite comprender mejor la geografía de al-Idrisi. Saber qué objeto estamos viendo proporciona una base más firme para preguntar qué muestra, cómo organiza la información y qué límites tienen sus afirmaciones.

Fuentes

  1. Library of Congress, Charta Rogeriana, pieza 2007626789. El catálogo identifica la publicación de Miller en seis hojas, su fecha de 1928 y la disposición con el sur arriba; el título acompañante menciona la restauración de 1927. Sirve para distinguir la edición del proyecto medieval.
  2. Library of Congress, The Islamic World Map of 1154. La explicación pública de la institución respalda la identificación habitual con 1154 y la organización regional, y diferencia la geografía medieval de la imagen de Miller.
  3. Bibliothèque nationale de France, Carte générale du globe tirée d’El-Edrisi. El registro identifica un facsímil manuscrito del siglo XIX derivado de Arabe 2221, adquirido en 1844. La adquisición se mantiene separada de la composición original.
  4. Bibliothèque nationale de France, islas mediterráneas del cuarto clima, segunda sección. El breve registro identifica Arabe 2221 como copia magrebí del siglo XIII con sesenta y ocho mapas. El recuento describe ese testimonio y no sustituye el diseño de setenta secciones.
  5. S. Maqbul Ahmad, Cartography of al-Sharif al-Idrisi, en The History of Cartography. Las páginas 156–163 apoyan la fecha atribuida de finalización, la incertidumbre sobre la llegada a Sicilia, las formas manuscritas y las reservas sobre los objetos de plata. El alcance examinado son esas ocho páginas, no el capítulo entero.
  6. A. F. L. Beeston, Idrisi’s Account of the British Isles. El extracto público apoya el ejemplo regional de identificación discutida y comparación de manuscritos. Se atribuye su fecha de 1153; no se ha utilizado el artículo completo de pago.
  7. Katherine Jacka, The True Nature of His Lands, en Designing Norman Sicily. El resumen público completo del capítulo 3 recoge la interpretación que relaciona el encargo con el programa político de Roger después de 1139 y con la descripción detallada de Sicilia. No se afirma haber leído el capítulo completo.
  8. Arc Humanities Press, Al-Idrisi’s Norman Kingdom in the South. La descripción y el índice de la editorial precisan el alcance seleccionado de la traducción inglesa de 2024 y su fecha atribuida de finalización hacia 1157. No establecen una secuencia concreta de revisiones posteriores.
  9. Yale University, Al-Idrisi’s Map, 1154. Su explicación pública se utiliza para la reconstrucción de Miller y la relación entre el sur arriba y los rótulos árabes. No se emplean sus afirmaciones biográficas.
  10. Universidad de Oxford, Cabinet, Tabula Rogeriana. La breve explicación identifica una reproducción de 1929 con nombres en caracteres latinos y presentación con el norte arriba. Se trata como ese objeto concreto, no como una fecha para todas las composiciones modernas.